Tres manera para tener una mejor vida

José Rosado

Todos deseamos tener una buena vida. Sea cual sea tu definición de buena vida, para lograr tenerla, tienes que tomar decisiones que sirvan de resorte para impulsarte hasta lo que deseas tener o lograr.

Aquí te dejo tres maneras que te ayudarán a tener una mejor vida.

Controla tu percepción

Hace unos años, unos «desconocidos» entraron en mi hogar aproximadamente a las 4am. Tomaron prestado (sin devolución) unas laptops, mi celular, mi cartera y la de mi esposa. Para mi fortuna, solo se llevaron cosas materiales.

A pesar de que me robaron, pude ver el lado positivo de aquel suceso. Ese día, mi esposa, yo y mi hijo la pasamos de maravilla junto a mi familia y a la de mi esposa. A pesar de lo que sucedió, los beneficios superaron las pérdidas.

Controlé mi percepción y opté por ver el lado positivo de un suceso malo.

Dirige tus acciones

¿Alguna vez te has descubierto negociando contigo mismo? Tal vez seas como yo y te digas a ti mismo, “Si haces esto, te ganas aquello.”.

Una manera super efectiva de dirigir tus acciones es premiándote por las acciones positivas que realices durante el día. Las pequeñas recompensas pueden ayudarte a realizar las tareas que tienes días postergando. Dirige tus acciones hacia aquellos sueños y metas que quieras lograr.

Míralo de esta manera, una noche de Netflix no es una escapatoria, es una recompensa. Entrénate para ver tus horas de ocio como una recompensa por las acciones positivas que realizaste durante el día.

Es importante destacar que dirigir tus acciones es mucho más que premiarte por las cosas buenas que hagas. Es también hacer las cosas que no quieres hacer, es mejorar la calidad de tu trabajo, es reducir el tiempo de entrega, es entregar dentro del presupuesto, es entregar a tiempo, es fascinar a tus relacionados, es satisfacer tu sed de mejorar.

Acepta de buena gana lo que está fuera de tu control.

Cada día nos encontramos con sucesos que se escapan de nuestro control.

Tal vez se pinchó el neumático de tu vehículo, tal vez te enfermaste o tal vez se dañó tu computadora. Estos acontecimiento suelen frenarnos de golpe y, en ocasiones, los vemos como un presagio de lo que está por venir.

No obstante, cuando buscamos controlar nuestra percepción y dirigir nuestras acciones, lo que otros verían como un problema, nosotros lo veríamos como un aprendizaje. Y cuando hacemos esto, ¡ganamos!

Así que ganemos juntos y sigamos buscando una mejor vida para nosotros y nuestros relacionados.


Foto por Austin Schmid en Unsplash

El método STAR para fascinar durante la entrevista de trabajo o la propuesta de negocios

José Rosado

Te presento a STAR.

El método STAR es una de las mejores maneras para fascinar a un prospecto cliente o empleador (o hasta un potencial romance… #NoEsBroma).

STAR es un acrónimo de: Situación, Tarea, Acción y Resultado.

¿Cómo usar STAR para fascinar a otros?

Imagina que estás sentado frente a tu potencial cliente. Notas que ella se echa un poco hacia delante, te mira de manera penetrante y te pregunta, “¿Cuál es tu mejor cualidad?”

Generalmente, este tipo de preguntas nos toman por sorpresa ya que, cuando pequeños, a muchos nos enseñaron a ser «humildes». Algunos suelen sentirse incómodos cuando se encuentran frente a este tipo de pregunta, ya que nos dijeron que no es bueno hablar mucho sobre nosotros mismos y que es de mal gusto cuando lo hacemos. Pero, te aseguro que no es malo y que, en esta ocasión, es crucial que hables bien sobre ti mismo.

Con STAR no solo te será sencillo hablar sobre ti, sino que también lograrás fascinar a la persona que está frente a ti.

A continuación, te presentaré la manera de utilizar STAR con algo que me sucedió hace unos años – recuerda que responderé a la pregunta ¿Cuál es tu mejor cualidad?.

(SITUACIÓN) Mi mejor cualidad es poder trabajar bajo presión. Un ejemplo de esto es que en otoño del 2015 un potencial cliente me llamó para conversar sobre una página web que quería que yo desarrollara. Cuando nos reunimos, me confesó que tenía un año trabajando la web con otro contratista, pero que éste le había entregado un producto ineficiente e incompleto. También me dijo que tenía prisa, ya que la web serviría para promocionar un festival que se acercaba y que también sería utilizada durante el evento para subir información de lo que sucedía en tiempo real.

(TAREA) Así que mi trabajo consistiría en diseñar la página web, crear la plantilla de la página según el diseño aprobado y subir cientos de páginas de texto (y fotos) en tres semanas.

(ACCIÓN) Durante la primera semana trabajé con el diseño de la web. Para complicar el asunto, esa semana mi esposa se enfermó y tuvimos que internarla. Por tanto, hice malabares entre mi trabajo regular, cuidar a mi esposa y diseñar la página. La segunda semana la utilicé para convertir el diseño aprobado en una plantilla de WordPress1. Esto consistió en crear CSS2, configurar la plantilla3 y fabricar las funcionalidades especiales de la página. Finalmente, durante la tercera semana corregí los errores y subí el contenido.

(RESULTADO) Como resultado, ¡pudimos subir la página a tiempo! La gente logró entrar en la web antes de que iniciara el festival y logramos subir información en tiempo real durante el evento. Luego de que finalizó el festival, la cliente me envió un vino como forma de agradecimiento por el trabajo y me escribió un bello testimonio sobre el servicio que les proveí.


Ten pendiente de que puedes usar esta técnica para todo tipo de situaciones. Así que, ¿cómo usarías STAR para hablar sobre lo que haz hecho?

Foto por Kristopher Roller de Unsplash.

Conoce el Principio de Consistencia para que no te manipulen

José Rosado

Un día, Robert Cialdini –afamado escritor del libro «Influence»– y un amigo decidieron participar en un taller introductorio de Meditación Transcendental (MT). Durante la charla, Cialdini notó que su amigo crujía mientras escuchaba a los expositores asegurar que podían volar y traspasar las paredes gracias a los secretos que MT les había permitido conocer.

Al final del taller, se abrió el panel de preguntas donde su amigo procedió a triturar los argumentos de los expositores. Humillados y cabizbajos, los presentadores no pudieron responder a los argumentos del amigo de Cialdini y se limitaron a decir que responderían a sus inquietudes más tarde.

Para sorpresa de Cialdini, al finalizar el evento, se vendieron más sesiones de lo anticipado. Algo que también dejó perplejo a los coordinadores del evento.

Mientras estaban en el lobby, tres personas se acercaron a Cialdini para hablar con él sobre lo que su amigo dijo durante el panel de preguntas taller. Mientras hablaban, estas personas le comentaron que creían que MT era la solución a sus problemas y que por tanto se habían inscrito en las próximas sesiones. Cialdini, creyendo que no habían entendido los argumentos de su amigo, procedió a cuestionarlos. Para su sorpresa, todos dijeron que entendieron los razonamientos y expresaron que precisamente por eso fue que se inscribieron.

Una de las personas le dijo, “Iba a esperar hasta la próxima reunión para inscribirme. Pero tu amigo comenzó a hablar, y ahí fue donde supe que tenía que dar mi dinero o me iría a casa pensando en lo que dijo y terminaría en no inscribirme.”

¿Qué sucedió? ¿A caso están locas estas personas?

A través del tiempo, los humanos hemos desarrollado un código de comportamiento que «nos obliga» a proteger nuestra autoimagen. Solemos actuar de tal manera que nuestras palabras y acciones estén alineadas, porque de lo contrario, se nos consideraría irresponsables e hipócritas – y nadie quiere que se le etiquete así–.

A esta sincronizada danza entre nuestras palabras y acciones le llamamos consistencia.

Las personas que se inscribieron en el curso de Meditación Transcendental cayeron dentro de unas de las trampas del «principio de consistencia». Estas personas habían pensado tanto en que MT era la solución a sus problemas que, cuando se descubrieron dudando, optaron por comprar las próximas sesiones para evitar la ardua tarea de seguir pensando y para no quebrantar su autoimagen –la de creer que MT es la solución–.

Promesas y autoimagen

¿Recuerdas la última vez que le prometiste algo a alguien? Estoy seguro de que te esforzaste por cumplir lo que prometiste, pero, también estoy seguro de que te invadió una sensación de vergüenza en el caso de haber incumplido. Esto nos dice que el principio de consistencia, además de ser un poderoso dolor de cabezas –porque nos obliga a ser fieles nosotros mismos–, es también un sistema de honor que nos ha permitido intercambiar nuestro tiempo y bienes con otras personas a cambio de algún otro bien o servicio. Por tanto, el principio de consistencia es potencialmente más beneficioso para todos.

El principio de consistencia es singularmente poderoso en aquellas ideas en las que hemos invertido tiempo y esfuerzo, ya que estas suelen adherirse a nuestra autoimagen. Por tanto, con tal de ser consistentes, solemos hacer lo imposible para no quebrar aquello por lo que hemos trabajado tanto.

Peticiones y preguntas que cambian tu autoimagen

Es importante que conozcamos esta información ya que existen muchas personas que saben aprovecharse de este principio para explotar de manera significativa a las buenas intenciones que muchas personas tenemos.

Una manera en la que algunos se aprovechan del principio de consistencia es haciendo preguntas claves que harán que respondas de manera afirmativa a solicitudes que tal vez no hubieses estado dispuesto a realizar. A continuación, te presentaré algunos ejemplos de cómo algunos logran esto.

Imagina que una persona se te acerca y te dice, “¡Hola! Pertenezco a la Fundación Niños Sin Hogar, ¿cómo te sientes hoy?”. A esto respondes que te sientes bien. Luego, la persona te dice que están buscando personas que colaboren para lograr que los niños se sientan bien en algún nuevo hogar que con tu dinero podrían construir. Si eres como yo, luego de decir que te sientes bien, será muy difícil no sacar tu cartera para ayudar a que otros también se sientan bien. Tal vez te parezca un ejemplo trivial, pero la verdad es que algo tan simple como esto puede lograr que tu respuesta cambie.

Ahora, imagina que otra persona se acerca y te dice, “¡Hola! Qué bueno verte. ¿Puedo hacerte una pregunta?”. “Sí”, dices. Luego, ella procede a preguntarte que si te consideras una persona que le gusta cuidar el medio ambiente. A lo que respondes sí. Luego, pasan unos días, y la misma persona se te acerca para invitarte a un operativo de limpieza de playas…. creo que ya imaginas la respuesta que darás.

Cada vez que respondes a preguntas, ya sean verbales o escritas, o actúas de alguna manera, tu autoimagen pudiera estar cambiando ya que, por unos instantes, eres aquello que haces o dices que eres.

“Una vez que has aceptado una solicitud, tu actitud puede cambiar, puedes convertirse, a tus propios ojos, en el tipo de persona que hace este tipo de cosas, que acepta las peticiones hechas por extraños, que actúa sobre las cosas en las que crees.” 1

¿Cómo puedes utilizar el principio de la consistencia de manera ética?

Cuando estés frente a un potencial cliente, trata de que lograr que te compre tan siquiera tu producto más económico. Ya que, según el principio de la consistencia, el acto de comprarte algo por primera vez aumentará la posibilidad de que te compre otras veces más. El sentido común nos dice que esto es algo obvio, pero, saber el «por qué» hacemos las cosas no es tan obvio.

Otra manera en la que puedes hacer uso de este principio es firmando un contrato con tus clientes. Conozco muchos profesionales independientes que no suelen entregarle contratos a sus clientes. El contrato no tiene que estar notarizado o legalizado para asegurar que la venta continúe. El simple hecho de que la persona haya firmado, hace que su autoimagen se programa para se aquella persona que quiere tus servicios.

Puede que pienses que hacer uso del principio de consistencia es un acto de manipulación. Pero puedo decir con certeza de que no lo es. ¿A caso hay algo de malo con que busques que alguien te compre más productos? ¿Es malo pedir que alguien firme un contrato?

Ahora bien, como buen profesional y buen ser humano que eres, tu rol es utilizar esta información para el bien común y para beneficio de ti y tus clientes.

El poder del Efecto Del Contraste en las ventas

José Rosado

Acabas de comprar el carro de tu sueños y el vendedor te dice, “¿Qué tal si también le ponemos el tintado a los cristales y unas alfombras a tu nueva máquina? Solo te costará $5,500 pesos más.”

¿Qué responderías? Si eres como yo, es probable que le digas al vendedor.

Pero, ¿Porqué dijiste sí?

Existe un principio en nuestra percepción llamado «Efecto del Contraste», el cual dice que cuando nos presentan dos cosas distintas una tras otra, solemos verlas más distintas de lo que realmente son 1.

Un ejemplo de esto es estudio que fue realizado a unos universitarios. Durante el estudio, los estudiantes dieron menor puntuación a fotos de personas de apariencia regular del sexo opuesto si primero veían fotos de personas atractivas 2.

Así que, si te descubres diciéndole sí al vendedor luego de que te presente la oportunidad de comprar el tintado y las alfombras para tu nuevo vehículo, es probable que haya sido por el Efecto Del Contraste, ya que después de que compares el precio de tu vehículo con el precio de los artículos adicionales, te dirás a ti mismo, “gastar unos cuantos pesitos más no le hará daño a nadie.»

Otros ejemplos del efecto del Contraste

  1. Compraste aquel vestido que tanto te gustó y también aquel pintalabios y pulsera que te presentó la vendedora.
  2. Aquellos anuncios que dicen “Antes $1000, ahora $499″. Esto es una práctica común en las tiendas de electrodomésticos y supermercados.
  3. Cuando compraste unos muebles nuevos para tu sala y también compraste aquella decoración que luego terminas regalando.

Fotografía por Steinar Engeland.

Ser papá es… lo más difícil

José Rosado

Ser papá es lo más difícil que me ha tocado vivir.

Tener en las manos la responsabilidad de cuidar una vida conlleva paciencia y amor. Mucha paciencia. Y mucho amor.

Mi esposa y yo tenemos un acuerdo: ella se encarga de bañarlo, cambiarle los pañales y vestirlo. Yo me encargo dormirlo.

¿Sencillo, no? Creerías que Brenda va en desventaja con este acuerdo, pero te aseguro que es una mujer brillante y jamás caería en la trampa de intercambiar estos roles.

Javier es de esos niños que odia dormirse. En ocasiones dan las 8, 9, 10pm y Javier sigue con la misma intensidad que tuvo durante la mañana. No es su culpa. Todavía no sabe que papá y mamá también necesitan descansar.

Regularmente me descubro pensado, “esto no lo hago por más nadie”, “esto solo lo hago por Javier”, “Dios! qué difícil es ser papá”. Suele suceder de dos a tres veces por semana mientras trato de dormirlo. Y suele venir acompañado con agua en los ojos.

No me siento culpable de mis pensamientos porque sé que hago lo posible por ser un buen papá. No obstante, suelo acompañarlos con agradecimientos por la hermosa vida que entre Brenda y yo hemos cuidado y educado.

¿Ya te dije que Javier odia dormirse? ¿Y que también se levanta hasta 3 veces por noche? ¿Y que yo soy el encargado de dormirlo nuevamente?

En el año de vida que tiene Javier he soñado unas 7 veces. Cada vez que tengo un sueño le cuento con alegría a mi esposa que soñé. ¿Por qué me pone tan alegre soñar? Ja! Soy de los que suele soñar mucho. Pero ya no.

Javier es una estrella y lo amo. Y es nuestro reto de amor. Es mi reto de amor.

Se aprende a ser paciente, muy paciente. Pero a veces la paciencia se oculta y la frustración se desborda como rio durante tormenta. Y ahí es donde entra el trabajo en equipo entre papá y mamá.

Mi esposa y yo nos hemos socorrido innumerables veces cuando esto sucede. Les aseguro que no es algo de lo que uno se enorgullezca. Salir huyendo de tu propio hijo es algo que solemos ver en las películas, pero en la vida real es más común de lo que crees.

Javier, te amo. Te amo tanto que te entrego mis sueños. Todos son tuyos.

Gracias por existir.

Mucho trabajo

José Rosado

Cuando tengo mucho trabajo, el mal humor siempre anda al asecho: se escabulle entre los pixeles de la pantalla de mi computadora y, como el enmascarado en una película de terror, se lanza sobre mí.

Mis hombros se tornan duros, mi corazón palpita de manera irregular y siento el peso de cada tarea en mi cuello, provocando ardor. Así me siento cuando el trabajo se transforma en torres de papeles digitales.

Miro la pantalla y me descubro haciendo clic por aquí y por acá, sin saber por dónde iniciar. Cuando el trabajo se postra frente a mí, el estrés mira y se burla mientras las ganas de procrastinar chocan violentamente con mi fuerza de voluntad, que poco a poco se agota.

Cuando digo  “No puedo, tengo mucho trabajo”, no lo digo como una excusa para evadir algún compromiso. Lo digo frente a la cruda realidad de saber que si no cumplo, mi imagen de hombre proveedor se debilita. Ser padre, esposo y persona orientada a la acción trae consigo deberes que nunca imaginé mientras holgazaneaba cuando era más joven.

No obstante, tener más trabajo de lo que puedo aguantar me ha ayudado a descubrir algo que nunca hubiese podido conocer de no tenerlo. He descubierto el poder que el miedo tiene sobre mí.

El miedo a quedar mal, a tener que pedir excusas o a incumplir me causa estrés.

“Dentro de las cosas que más se valoran al contratar un servicio están la responsabilidad, el compromiso y la dedicación. José Rosado reúne estas cualidades y asume los proyectos con dedicación, entregando un servicio de calidad.”

Esto es un testimonio de uno de mis clientes. ¿Qué mayor responsabilidad que la de mantener esta imagen? Mi imagen no es intachable, pero cada vez busco dar más de mí.

No es por error que durante mis negociaciones suelo declarar la siguiente garantía, “o le entrego a tiempo, o su inversión le será devuelta en su totalidad y su producto será completado”. Esto me obliga a cumplir sí o sí. No hay cabida para incumplimiento.

Mucho trabajo. Tanto como nunca en mi vida… Y qué bueno que es así, porque esto me ha enseñado más sobre mí que cualquier libro, taller, universidad o persona. No se aprende dentro de la comodidad, pero sí en el terrero mugriento del trabajo, día a día. Mucho trabajo, pero mucho aprendizaje.

Cuando el trabajo se acumula, el día es una guerra constante entre mis ganas de trabajar y las ganas de tirar todo por la borda. Cuando veo mis quehaceres, no puedo evitar sentir que voy a incumplir. Pero esto no me ha frenado (¡gracias a Dios sabe qué!).

Cada día, con dolor en las articulaciones de mis manos, es un día en que me venzo a mí mismo. Y al final del día, eso es lo que importa.

El arte de decir no

José Rosado

Por años, intenté complacer a todos. Luego crecí.

Decir no es un arte confuso y abrumador. Solemos pensar que las personas que dicen no constantemente son negativas o que simplemente no se preocupan por los demás. Pero he descubierto que no siempre es así.

El miedo es el arma de persuasión más efectiva, y por esta razón nos cuesta tanto decir esta palabra. El miedo a ser rechazado es verdadero y siempre está al acecho. Y el resultado de este miedo es decirle sí a todos.

Decir que no es una de las habilidades menos promovidas. Su utilidad no tiene comparación, pero hay que saber utilizarla de manera elocuente, ya que decir no de manera constante pudiera traer repercusiones no deseadas.

Cuando hablo de decir no, me refiero a:

  1. Decir NO a peticiones de terceros
  2. Decirse NO a uno mismo

Decir no a peticiones de terceros

He aprendido a decir no de manera muy sutil. Nunca busco herir a los que me rodean, así que he desarrollado algunas maneras para evitar compromisos no deseados y quedar en buenos términos con la persona.

Imagina el momento en que alguien te pide que hagas algo que no quieres hacer. ¿Cómo te escapas de eso? En mi caso, hago lo siguiente:

Primero: agradezco a la persona.

Segundo: le digo que me halaga que haya pensado en mi.

Tercero: procedo a decirle que en estos momentos se me dificulta participar en la actividad y que por eso no podré asistirle. No doy explicaciones.

Cuarto (solo ti piden explicaciones): Digo la verdad: no tengo tiempo, no estoy en humor, o le digo que mis actuales compromisos no me permiten.

Nota: hay compromisos de los que no te puedes escapar. Así que no seas odioso y dile sí a esos compromisos.

decirse no a uno mismo

Decirle no a los enojos, a las riñas, a las obsesiones innecesarias y a las discusiones casuales es un acto que considero casi heroico.

Peco constantemente de dejarme llevar por las emociones del momento. Le he dedicado mucho tiempo y esfuerzo al aprendizaje de autocontrol, pero todavía me falta.

Decirse no a uno mismo es mucho más difícil que decirle no a otra persona.

Pero es posible.

Una manera práctica de decirse no a uno mismo es realizándose preguntas. Las preguntas más poderosas son las que comienza con «por qué». Estas preguntas apelan a nuestra identidad y pocas cosas son más importantes que nuestra identidad.

Los seres humanos somos sentimentales. Nos dejamos llevar constantemente por los sentimientos. Por tanto, no exista técnica o pensamiento infalible que nos aleje de los sentimientos no deseados. Pero sí hay formas muy buenas para iniciar un proceso de autocontrol y de realizar el acto de decirse NO a uno mismo.

Cuando estés haciendo algo que consideras inapropiado, realízate alguna de estas preguntas:

  • ¿Por qué estoy haciendo esto?
  • ¿Qué puedo hacer en este momento para que mi día sea mejor? (esta es mi pregunta favorita, ya que me invita a la acción.)
  • ¿Por qué estoy tan molesto y qué puedo hacer para alegrarme?
  • ¿Cómo puedo mejorar mi humor?

El arte de decirse NO a uno mismo es práctico. Así que responder unas cuantas preguntas no es suficiente.

De mi parte, suelo: meditar, respirar, escribir, trabajar, leer, y, por encima de todo, NO tomarme muy en serio.

Decir NO es una de las maneras más prácticas de ahorrar tiempo, de llevar una vida más tranquila, de disfrutar los momentos con mayor intensidad y de auto descubrirse.

El conocimiento y la autoeducación: libertad

El conocimiento trae libertad. La autoeducación, es por tanto, el acto de hacerse libre.

Nunca he sido el seguidor no.1 de la educación formal (colegios, universidades). Reconozco las fortalezas de ir a la universidad y te aseguro que soy de los que se atiende con los médicos que tienen decenas de diplomas colgados en la pared.

Pero, considero que algunos títulos solo nos sirven para llevar cuentas y demostrarle al mundo (y a uno mismo) que somos personas aplicadas, inteligentes y perseverantes. Y es bueno tener muchos títulos, pero, como sabemos, en el mundo real la utilidad de nuestras habilidades y la calidad de nuestro trabajo tienen mucho más valor.

Creo que la mejor forma de hacerse libre es reconocer lo poco que uno conoce y aceptar que no tenemos respuesta para todo. Hacerse libre se logra con un poco de autoeducación.

Hace unos años y, por pura «serendipia1», inicié un proceso lento de autoeducación. Gracias a esto pude reconocer lo poco que sé, lo cual me abrió las puertas para tratar de entender las ideas de otras personas y a aceptar mis muchas faltas. Sin lugar a dudas, hubiese evitado muchísimas discusiones si hubiese entendido esto con anterioridad.

El conocimiento trae libertad

El conocimiento trae libertad, y la evolución de nuestras sociedades lo demuestra. Hoy día la voz individual vale más que hace 50, 60 o 100 años. Un individuo puede influir en otros a través de las redes sociales y del internet. Todo esto es posible gracias al conocimiento colectivo que hemos acumulado durante milenios.

Nuestras sociedades no son perfectas, pero hoy tenemos mayor libertad gracias al sacrificio de nuestros antecesores. Todavía nos falta mucho para reducir la opresión y fomentar el cuidado de la vida humana, pero vamos por buen camino –aunque a veces no lo parezca–.

Ahora bien, bajémosle un cambio a este tema. Llevémoslo al plano personal: al yo.

¿Cómo autoeducarse?

Vivimos en la mejor época de la historia del ser humano. Tenemos una infinidad de libros, videos y conocimientos al alcance de un clic. Si estás leyendo este artículo, es porque tienes el privilegio de tener internet –y créeme… es un privilegio–. Por tanto, aprovecha este privilegio y no pongas excusas para iniciar tu autoeducación.

Al inicio, no es necesario que planifiques todos los detalles de tu autoeducación. Soy de los que cree que los inicios deben ser sencillos, ya que los humanos solemos alejarnos de la complejidad (miedo a lo desconocido).

Una manera sencilla de iniciar tu proceso de autoeducación es determinando cuáles conocimientos y habilidades harán más valiosas tu vida y la de los demás. Cuando sientes que tus acciones son valiosas, aumentas las probabilidades de que quieras aprender más.

También, puedes buscar ideas cosas que te servirán para avanzar en tu carrera profesional. Hazte las siguientes preguntas:

    • ¿Cuál es mi oficio actual?
  • ¿Cuáles conocimientos me servirán para ser un mejor profesional?

Busca información sobre estos temas, pregunta, lee, aprende y pon en práctica lo que aprendiste.

Cuanto más conoces, mejor te sientes. Cuando pones en práctica lo que conoces, te sientes más útil. Cuando te sientes útil, te sientes feliz. Y cuando te sientes feliz, te sientes libre.