Me monté en un taxi y pasó lo siguiente…

José Rosado

“Me cantaron 8 días de cárcel”, dijo el taxista. “Y fueron los mejores días de mi vida.”

El día de Acción de Gracias, mi familia y yo fuimos a comer a la casa de mi suegra.

“¡Uy!…”, le dije a mi esposa cuando llegamos. “Recordé que tengo una reunión de trabajo a la 2:30pm”. “¿Cuánto tiempo vas a durar allá?”, preguntó ella. “Unas cuantas horas. Iré después de comida”, respondí.

En ese momento, mi esposa y yo acordamos que ella se quedaría con el carro y que yo tomaría un taxi para ir a la reunión.

Comí un buen sancocho (excelente para días lluviosos) y a las 1:45pm llamé al taxi. Al cabo de 10 minutos, llegó. “Bye, More. Nos vemos luego”, le dije a mi esposa mientras salía por la puerta.

Me monté en el taxi, saludé al chofer y le dije hacia donde quería ir.

Mientras hablábamo, el taxista me dijo que solía ser policía. Mientras hablaba, yo tomaba notas en mi cabeza para esto que está leyendo ahora mismo.

“¡Cuando era policía”, dijo hablando con el clásico alto volumen del dominicano, “me solían mandar a hacer yuca donde las queridas de los políticos!1”. Intrigado, le presté más atención para ver hasta donde llegaba la conversación.

“Recuerdo que en el año 1987 a los policías los mandaron a cortar caña”, me dijo. “Para esa fecha ganaba 110 pesos. Ese poco de dinero tiene más valor que un sueldo mínimo de hoy”.

El taxista comenzó a emocionarse mientras hablaba y continuó diciendo, “Como no habían muchos policías disponibles debido a la cortadera de caña, tuve que amanecer durante tres días consecutivos cuidando a un general”. Mientras hablaba sobre su experiencia cortando caña, me percaté del pestañeo del indicador del nivel de gasolina. ¡El vehículo estaba en reservas! Creí que en cualquier momento el carro iba a apagarse, pero seguí escuchando al taxista.

“Mientras cuidaba al general, me dormí”, dijo con una gran sonrisa pícara. “Estaba tan cansado, porque no había pegado un ojo durante tres días”.

En ese momento volví a mirar el pestañeo del indicador y me imaginé un escenario en que tendría que esperar 1 hora para que otro taxista viniese a mi socorro.

“A las 2A.M.”, continuó, “el general bajó y se dio cuenta de que estaba durmiendo. Al día siguiente me cantaron 8 días de cárcel”. El taxista hizo una pausa y suspiró, “y fueron los mejores 8 días de mi vida. Dormí como nunca”.

Reí y le seguí preguntando un poco más sobre sus días como policía.

Acerca del apresamiento

En República Dominicana, tenemos algunos métodos de disciplina militar bastante cuestionables. Con el fin de crear consciencia en nuestros militares y/o policías, los altos comandantes apresan a los supuestos indisciplinados en una cárcel especial. Mientras están presos, los alimentan y “los cuidan”.

Continua el cuento

De repente, nos encontramos con un embotellamiento. Así que le dije que girara a la derecha y luego le pregunté, “¿Antes de trabajar para esta compañía de taxi, trabajabas en alguna otra?”. El hombre apartó la mirada del frente, me miró y dijo, “¡Sí! Solía trabajar para otra, pero salí de ella porque no dejaba mucho dinero. Aunque en esta compañía pagan menos, gano mucho más porque hay más servicios. En la otra compañía hacía 5 servicios en un día. Aquí hago mucho más que eso”.

Seguimos hablando y regresamos al tema de la policía. Le dije, “Tengo un amigo que solía ser militar de las fuerzas armadas y recuerdo que me contó sobre la vez que lo metieron preso. Su tía es una general y, para dar un ejemplo, no lo liberó de la cárcel. Lo dejó ahí para que nadie dijese que ella tenía algún favoritismo”. El taxista rió y me contó sobre la ocasión que cayó preso por 29 días.

“Maté a alguien”, dijo sobriamente.

Yo seguí mirando hacia el frente y me atreví a indagar un poco más.

“¡Sí! Maté a un hombre, pero fue en defensa personal”, prosiguió.

Respiré…

“El delincuente del diablo me quería clavar un cuchillo y yo le disparé. La bala le dio en el cuello y murió”, dijo de manera tajante.

“¿Y qué sucede cuando un policía mata a alguien?”, pregunté consternado.

“Hoy día te jodes. Pero en aquel tiempo solían defendernos mejor: solo tuve que buscar un abogado. Pero aún así permanecí 29 días preso en lo que resolvían mi caso”.

De repente, comenzó a llover. Pero, para mi fortuna, ya había llegado al lugar.

Me despedí del señor con un fuerte apretón de manos y procedí a pagarle RD$230.57 por su servicio.


Nota aclaratorias
  • No mencioné el nombre del taxista ni de la compañía de taxis porque no quiero hacerle daño a nadie. El taxista me pareció ser una buena persona. Y, según él, lo que hizo fue en defensa propia.
  • Cabe destacar que cambié los diálogos sustancialmente. No tengo memoria de elefante, así que di lo mejor de mí para recordar sus palabras y las mías. No obstante, plasmé la esencia de la conversación, siendo fiel con la manera en que experimenté el momento.

References

  1. En República Dominicana, “hacer yuca” es perder el tiempo. En este contexto significa perder el tiempo siendo el guardián de la amante de algún político.

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